Buenas noches, extraviados visitantes (estoy escribiendo esto de noche). Déjenme decirles, antes que nada, que esta página y todas las de la historia que voy a contarles, hablan de amor. Ya puedo imaginarme, en estos momentos, a algunos de mis lectores masculinos, sonriendo socarronamente, elucubrando que debo ser uno de esos que caminan por la acera como un camarero al que le han quitado la bandeja. Porque los hombres ni hablamos de amor ni meamos de sentado. Pero no es así en mi caso, o al menos es lo que me gusta creer. Sucede simplemente que yo tengo mi costado sensible (aunque mee de parado).

Pero en internet no se puede andar con vueltas, porque estamos todos apurados, así que voy directo al grano. Permítanme solo una pregunta, antes de entrar en detalles:

¿Que es lo peor que puede pasarle a alguien en esta vida?

Es claro que la lista de calamidades puede ser larguísima. Pero yo tengo mi propia respuesta y solo en cinco palabras:

"No ser amado por nadie".

Como les dije soy un alma sensible. Desde niño y hasta hoy (y pasó desde aquello mogollón de años) siempre que veo un ser 'defectuoso' me  entristezco. No tanto pensando en su deformidad o en su pelotudez, sino en que pasará por esta vida sin conocer el amor. 

De ahí que me haya dado a pensar que, si alguien tomara para si la tarea de hacer vivir una historia de amor a esos seres que todo el mundo desprecia, sin duda, que esa seria una actividad en extremo loable y piadosa. 

Pero yo hablo de amor con todas las letras. Esto es, de la delicadeza y del frenesí.

Guardo para mi que la definición de defectuoso es también muy amplia y discutible. Y de hecho déjenme confiarles que yo me considero uno de ellos.  

Total, que si les privan las historias de amor, un poquitin retorcidas, solo sírvanse una copa, pónganse cómodos en su sillón y entren ya mismo en la alucinante historia de nuestra Ana Santana.